Cuestión de modales

10:45

¿Soléis ir a la playa a última hora de la tarde?

Quizás sí, quizás no.
Sin embargo, supongo que todos sois capaces de imaginar lo que ocurre en agosto, temporada extra, cuando los que se quedan todo el día rebozándose cuál croquetas recogen sus bártulos y la arena descansa.

Sucedió que un día, en los principios de la era playistica veraniega, a alguien le dio por dejarse el tupper en la playa. El caso es que se olvidaron de la pobre cosa o que, simplemente, la papelera estaba muy lejos.
Este tipo de cosas antes no pasaban. Os aseguro que mandaron al hijo mayor a por el tupper, porque no iban  dejar un tupper en la playa, aunque estuviera tan roto que se saliese todo el aceite cada vez que metías una tortilla. Hombre, no lo vas a dejar ahí para el que venga.
Pero han pasado los años, y algunos espabilados se dejaban la basura en la playa, porque les daba igual. Que limpiasen otros.
“Puff. Luego recojo la lata. Hija, claro que puedes tirar la corteza de la sandía, si es biodegradable. Anda. Manolito, deja ya la pala esa, que está rota”
Y ahí se quedaron la lata, la corteza de la sandía y la pala, contándose sus respectivas vidas.
Pero no generalicemos. Esto lo hará uno de muchos.
El problema viene cuando es quince de agosto y hay tanta gente que el porcentaje de “uno de muchos” se convierte en “playa sucia”.
Yo no frecuento una playa que sea precisamente mundialmente reconocida. No quiero ver como estarán las playas de Benidorm, porque me da asco.
Y no es la playa lo que me da asco. Lo que me da asco son los tres esperpentos que piensan que pueden dejar su mierda por ahí y fastidian al resto de la gente. Y lo mejor es que luego esa gente seguro que se quejará del perro del vecino. A lo mejor es el director del instituto privado más pijo de la provincia. Pero eso no quita que en la playa sea un guarro.
Esto es una cuestión de modales. De educación. Como la mayoría de desgracias que ocurren en este país (y repito, no voy a generalizar).
Pero cuando ves que un político de x país ha dimitido porque se ha descubierto algo que en España está a la orden del día, sabes que algo no va bien.
Por favor, señores. Educación. Modales. Aunque sea, un poco de vergüenza.
Decía Arturo Pérez Reverte en una entrevista que vi hace poco que las personas en estado de bienestar han ido perdiendo los modales y que los buenos modales son algo que ahora no es muy habitual.
No podía estar más de acuerdo.
Os habla alguien tan maleducado que habla sin pensar y cuando siente impulsos, los sigue, alguien que siempre las paga con quien no debe pagarlas, y alguien que suele darse asco a sí misma. Pero a veces pienso que si fuera una criada hace unos siglos, haría mis tareas sin musitar una queja, y sabría comportarme óptimamente, porque en ese caso sabría que estaba luchando por algo, porque mi vida, mi futuro, y comer o no, dependería de mis inmediatas decisiones.
¿Y ahora? Ahora no nos importa eso. Porque todo está en bandeja de plata, cortado y premasticado si tú quieres.
No nos importa eso, porque “Mamá, ¿me vas a comprar la PS4?” y luego “Que me dejes en paz, joder, que ya lo haré” y la PS4 sigue conectada a la corriente.
No nos importa, porque “¿Me vas a aprobar?” y “Aprobarte no, pero pasar, pasas por ley, porque es la segunda vez que repites”
¿Hay demasiado bienestar?
No voy a decir eso con los millones de parados que hay en este país.
Pero sí diré que yo, personalmente, me doy mucho asco. Tengo cuidado de mirarme primero a mí, juzgarme, pensar “Firen, das asco” y prometerme a mí misma que voy a dejar  de hacer eso antes de decir que cualquier persona da asco.
Y me da miedo que aunque diga que doy asco e intente arreglarlo, siempre acabe volviéndome a dar asco. Pero más miedo me da que la mayoría de sinvergüenzas, políticos incluidos, se miren al espejo y se sientan orgullosos, porque han pillado un buen pellizco y se pueden ir de vacaciones al Caribe; o indiferentes por haber dejado botellas tiradas por ahí, cuando al menos deberían mirarse, apretar los dientes y pensar “Doy asco”. Y después, intentar dejar de darse asco a ellos mismos, aunque no resulte la primera vez, ni la segunda, ni la numero cuatrocientos.



Tenemos que conseguir ser más respetuosos con todo el mundo. Con las personas, con los animales, con el planeta. Cada vez que pensamos que “no pasa nada”, hacemos daño, porque de otro modo, no nos hubiéramos consolado con esas vagas palabras de disculpa. Porque siempre que te dices “No pasa nada” a ti mismo, estás intentando justificarte a ti mismo. Solución: eres culpable.
A lo mejor hay personas sin escrúpulos que de verdad creen que están haciendo lo correcto, pero la mayoría de los mortales no somos ni Voldemort ni James Moriarty ni nada por el estilo.
Por favor.
Por favor. Os lo pido, se lo pido al mundo, y ojalá todos nos los pidiéramos a todos: que por favor dejemos de ser irrespetuosos. Que por favor nadie se aproveche de su posición para hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Que por favor deje de ver desperdicios en la playa, y vertidos de petróleo en la tele. Que vuelvan los modales, que todo el mundo utilice por favor y gracias, que seamos más críticos, que no pensemos que por que alguien haga algo mal nosotros tenemos la justificación para imitarlo.
Y no, no quiero parar ninguna guerra. Ni siquiera creo que muchos vayan a leer esto. Y sé que algunos que lo lean pensarán que ellos no son irrespetuosos y que me vaya a freír espárragos, y que muchos han dicho lo mismo antes que yo. También me podéis tachar de hipócrita. 

Solo quiero decir que los humanos somos los animales más débiles. Lo que nos hace poderosos es un montón de espaguetis grises.
Hagamos buenas cosas con nuestros espaguetis, no daño.
Deberíamos tenerlo todos en cuenta. Nos vamos a extinguir, vamos a desaparecer, como muchas otras criaturas lo han hecho.
Solo espero que nos extingamos en el planeta en el que surgimos y que no le hayamos hecho demasiado daño cuando la naturaleza nos borre por fin.
Lo que no quiero es que nos extingamos en otro lugar, un planeta extrasolar árido con pocos recursos, desde donde los mayores señalen en dirección de la Tierra devastada, y cuenten historias sobre los malos gobernantes que pudiendo tener al pueblo más feliz no lo hacían, sobre las petroleras, y sobre la contaminación que mató a otras criaturas y estropeó el agua y el aire, diciendo que aquel planeta una vez fue azul y que nuestra raza, una raza que pensaba que era su dueña cuando solo estaba de paso, lo asesinó.

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