52 semanas · #9

12:18




Estanterías.
Esa es la primera y la última palabra.
Dejemos a la imaginación del lector y del futuro la forma de las paredes, la disposición de las habitaciones, el tamaño del dormitorio. Estanterías, principio y fin. Del suelo al techo. No tantas como parezca que sustituyen a la pintura, porque al fin y al cabo, el papel es un bien preciado que la artista no gasta en libros que no le dejan una huella, en libros que no sean promesas de lo que está por venir o sueños de lo que ya ha acontecido, con su nombre en letras modestas en la portada.
Estanterías, y un salón cerca del estudio que hace veces de biblioteca. Quizás están conectados, o quizás en distintas plantas. Lo que importa es la luz y los libros, y una mesa amplia que llenar de su desorden. Quizás paredes altas donde colgar decenas de cuadros,seguro una tetera eléctrica en la cocina, seguro un atril de sobremesa y una maleta negra que lleva acompañándola más de media vida. Un equipo de música que llegue a la mayoría de habitaciones. Una terraza o un patio con una mesa sencilla, una mesa sencilla y una vista privada. Una ciudad misterio, sí o no en el país que la vio nacer. El lugar no importa, pero la artista está enamorada de él, de ella, de sus mil nombres y pronombres. Hay un parque cerca, quizás la ribera de un río está a menos de veinte minutos. La artista respira la ciudad cada vez que sale, y sobre todo, oye la ciudad. Vive en una zona tranquila en el corazón de ciudad misterio, con jazz en las esquinas y supermercados casi familiares. Da dos pasos y está en el pecho, con la actividad frenética llenando sus sentidos. Le gusta el oasis, aunque quizás otros no lo llamarían oasis y se asustarían por el hormigueo continuo.
Para ella, la ciudad misterio es una aventura, aunque la conozca y la ame y la conociera amándola. Cada esquina que dobla es una oportunidad para conocer historias, para dejarse llevar por su mente a una realidad propia donde crea las sombras de los transeúntes. Las vidas a su alrededor son su inspiración, ciudad misterio, su musa.
La bohemia a tiempo parcial solo necesita un teclado, un reflejo y estanterías.

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1 comentarios

  1. Como prometí, aquí viene mi super comentario que llevo pensando desde hace días. Sí, empiezo por el final porque es más corto y así tardo menos. Por cierto, ¿He dicho que me encanta tu encabezado? ¿No? Pues eso.

    Hm... se me dan muy mal los inicios, pero creo que empezaré hablando de la sensación que me ha dado el texto, ¿Okay? Ha sido como un suspiro de aire fresco en verano, una sensación de apertura total. La falta de descripciones directas y la falta de importancia que tienen, me ha dado una sensación de extraño poder, en cierto modo era como si todo el universo estuviese pendiente de mí por un segundo. Esa es la sensación que un texto debe transmitir de una bohemia: no hay ataduras, solo libertad, amor y arte.

    Al ser algo principalmente poético (O eso he tomado yo), no voy a comentar demasiado del hecho de la falta de argumento porque sería como ir a un poeta y quejarte de que sus versos solo hablan de emociones.

    El estilo es sencillo y pulido, como un templo griego que en su hermosa sencillez llama a las personas a acercarse. Ru gustar. Quizá lo único la repetición constante de algunas palabras como algo malo, pero no soy el más indicado para hablar de ello...

    Cyberabrazos y ahora voy a por el otro.

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